Hay historias que por ser usuales, esperadas, fatales, y tristes no dejan de ser importantes.

Lo voy a contar tal cual lo viví.

Se llamaba Walter. Limpiaba vidrios en la esquina de Avenida Italia e Hipólito Irigoyen. Un flaco que muchos reconocerán y seguramente recordarán. Era insoportable. Esa es la verdad. Estaba peleado con la vida. Con la gente. Con el mismo creo…

Se arrimaba al auto, a veces te ofrecía limpiarte el parabrisas, la mayoría de las veces ni eso. Te mangaba de una.

Decirle que no, era recibir una puteada segura. No entendía el “no flaco, te la debo”. No tenía problemas en cagar a gritos a una mujer con niños, a un tipo común o a un boxeador. Si le dabas y le parecía poco te puteaba.

Como decía antes, era insoportable.

No siempre tengo toda la paciencia que quisiera. Dos veces me bajé y nos agarramos a piñas. Esa es la verdad. Nada grave, pero sucedió así. Tirás una, tirás otra, todo se calma, dos o tres puteadas y listo.

Ya no se arrimaba a mi auto, lo salteaba y hacía lo de siempre con los demás.

Porqué?

Es una buena pregunta. Un día, después de que me puteara un poco, le pregunté porqué no iba a reclamarle a algún político. Porqué se ensañaba con gente que estaba laburando, paseando, haciendo mandados, y que no podía darle una solución. Unas monedas, seguramente no le vinieran mal, pero no solucionaban nada.

Puteó un poco a los políticos, amenazaba como siempre que si no recibía nada, iba a salir a robar y demás cosas. Walter. Así se llamaba.

Hace poco, hablé de que me había decidido a perdonar y perdonarme. Cuando pasé por ahí, paré, le dí un pucho y hablé con él un rato.

Me dí cuenta que no era un pibe malo, creo que no era capaz ni de robar, pero también supe que no sabía para donde agarrar. Estaba perdido en la vida. Me contó que había estado en Argentina, que acá le iba mal, le pregunté por dos pibes de unos 6 o 7 años que estaban con él, no me respondió, ni insistí sobre el tema… Hay cosas de las que la gente no quiere, o por ahí no puede hablar.

En la conversación, absolutamente entreverada de temas, llegué a preguntarme porqué lo hacía. Porqué conversaba con él?

Todo era confuso. Tan confuso como lo que entre humo de tabaco salía de su boca.

No tuvo oportunidades. No tenía esperanza. No se sentía con posibilidades. No sabía que hacer. Todo esto me quedó más que claro.

En realidad habló sólo. No pude meter una palabra, pero reconozco que tampoco sabía que decir. Todo lo que hablaba era obvio… lamentablemente obvio. Me callé, escuché, me enteré de algo de lo que era su vida, y después me fui, pactando que de ese día en adelante, no nos insultábamos más.

No esperaba una amistad, pero si un conflicto solucionado.

Ya estaba en armonía con alguien más. Y como era cerca de Navidad, me hizo sentir bien.

Pasé los días siguientes, y cuando se arrimaba, algunas veces un pucho, otras un “te la debo.. todo bien?” y respuestas algo amables de su parte balbuceadas junto a alguna puteada ahora hacia alguien que nunca supe quién era.

Lo ví solo un par de veces mas. El 28 de Diciembre, lo atropelló un auto. Versiones confusas de como fue… algunas que el se cruzó, otras que lo atropellaron por esquivar a otro auto. Walter murió, nada más pasó. Era el día de los inocentes, y el seguramente fue uno más. Un inocente más que vivió mal, y murió mal.

Un tipo que en esencia era igual a cualquiera de nosotros. Pero que nació tal vez en el lugar y tiempo no indicado.

Cuantos casos hay así? Cuantos Walter más vamos a ver? Es nuestra culpa? Es culpa de un sistema social? O de un sistema político?

Walter, o el Calavera como le decían, tuvo algún tipo de oportunidad y no la vió? Lo dudo.

Creo que nunca tuvo oportunidades, creo que ya me cansé de que me digan que la sociedad es culpable.

Los que dicen eso, son sociólogos idiotas o fieles de la religión gubernamental, que prometió el fin de esto y se olvidó.

Sigo viendo miseria. No veo reformas que apuesten en forma directa a solucionar estos problemas que son los que importan.

Sigo viendo que el estado crece, que la corrupción sigue, que somos la república bananera de siempre.

Tuve una oportunidad de saldar algunas diferencias con este pibe. Murió dos días despues.

No le importó a nadie, no le importa a nadie, y es difícil encontrar la noticia en los diarios.

Cuando paso por ahí, me gusta pensar que todavía está en la vuelta, que todavía me rompe los huevos y que me raja una puteada incumpliendo el pacto…

El mundo sigue andando. Fríamente andando.

Pero no vivió al pedo. Por lo menos en mí, dejó algunas enseñanzas que no me voy a olvidar. No voy a dejar pasar la oportunidad de solucionar problemas con alguien. Miro a los chicos en las esquinas y reacciono diferente…ya no es mas…”algo normal”, y si bien parece que nadie tuvo la culpa de que muriera, (no hay procesados) ojalá su muerte no haya sido en vano, alguien con poder tome conciencia, y su vida sin sentido segun decía, se transforme en un símbolo.

Después de fumarse un pucho conmigo, limpió algún vidrio más y … se fue.

Hasta la vista Walter..

Hasta la vista babiessssssssssssssss

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2 Comentarios para “La última oportunidad”


  1. lauri — January 4, 2008 @ 11:16 am

    Buen dia Daniel y feliz 2008, mas alla de tu exposición que da para mucho, me quiero detener el el titulo que le pusiste
    “La ultima oportunidad”.Siempre estamos con una chance , creeme daniel, siempre, en el relato a dos personajes un tal daniel y un tal walter, si lo llevas a una obra de teatro (para mi siempre todos estamos inmersos en una obra teatral), daniel paso por muchos estados en esta pequeña obra, la IRA, la RECONCILIACION, consigo mismo y con walter, y el PERDON, palabra facil de decir y muy dificil de hacerla una con nuestro espíritu.
    Para mi no seria la ultima oportunidad ni para daniel ni para walter, tanto uno como otro se tuvieron que cruzar, para resolver cada uno parte de su “Karma” y en el proceso ambos crecieron.
    Con todo mi amor para todos los amigos del Blog

  2. Vic — January 5, 2008 @ 10:56 am

    Walter tenía la necesidad de hablar, y habló. Andá a saber cuanto hacía que alguien no le prestaba la oreja, o si alguna vez se la prestaron.

    Ojalá todos pudieramos poner un poco más la oreja y dejar de putear tanto.

    Saludos,

    Vic

    PD: Hacía tiempo que no pasaba, siempre que ando con tiempo te leo porque me gusta como escribis, y lo que escribis…Pero nunca te firmé, creo.



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