Esto va sin audio. Ojalá tuviera el original de Fernando Peña. Un genio.

Esta “carta pública” es el relato más claro de lo que pasa en Argentina.

Vale la pena leerla.

Fernando Peña

29.03.2008

Cristina, mucho gusto. Mi nombre es Fernando Peña, soy actor, tengo 45 años y soy uruguayo. Peco de inocente si pienso que usted no me conoce, pero como realmente no lo sé, porque no me cabe duda que debe de estar muy ocupada últimamente trabajando para que este país salga adelante, cometo la formalidad de presentarme. Siempre pienso lo difícil que debe ser manejar un país… Yo seguramente trabajo menos de la mitad que usted y a veces me encuentro aturdido por el estrés y los problemas. Tengo un puñado de empleados, todos me facturan y yo pago IVA, le aclaro por las dudas, y eso a veces no me deja dormir porque ellos están a mi cargo. ¡Me imagino usted! Tantos millones de personas a su cargo, ¡qué lío, qué hastío! La verdad es que no me gustaría estar en sus zapatos. Aunque le confieso que me encanta travestirme, amo los tacos y algunos de sus zapatos son hermosísimos. La felicito por su gusto al vestirse.
Mi vida transcurre de una manera bastante normal: trabajo en una radio de siete a diez de la mañana, después generalmente duermo hasta la una y almuerzo en mi casa. Tengo una empleada llamada María, que está conmigo hace quince años y me cocina casero y riquísimo, aunque veces por cuestiones laborales almuerzo afuera. Algunos días se me hacen más pesados porque tengo notas gráficas o televisivas o ensayos, pruebas de ropa, estudio el guión o preparo el programa para el día siguiente, pero por lo general no tengo una vida demasiado agitada.

Mi celular suena mucho menos que el suyo, y todavía por suerte tengo uno solo. Pero le quiero contar algo que ocurrió el miércoles pasado. Es que desde entonces mi celular no deja de sonar: Telefe, Canal 13, Canal 26, diarios, revistas, Télam… De pronto todos quieren hablar conmigo. Siempre quieren hablar conmigo cuando soy nota, y soy nota cuando me pasa algo feo, algo malo. Cuando estoy por estrenar una obra de teatro –mañana, por ejemplo– nadie llama. Para eso nadie llama. Llaman cuando estoy por morirme, cuando hago algún ‘escándalo’ o, en este caso, cuando fui palangana para los vómitos de Luis D’Elía. Es que D’Elía se siente mal. Se siente mal porque no es coherente, se siente mal porque no tiene paz. Alguien que verbaliza que quiere matar a todos los blancos, a todos los rubios, a todos los que viven donde él no vive, a todos lo que tienen plata, no puede tener paz, o tiene la paz de Mengele.
Le cuento que todo empezó cuando llamé a la casa de D’Elía el miércoles porque quería hablar tranquilo con él por los episodios del martes: el golpe que le pegó a un señor en la plaza. Me atendió su hijo, aparentemente Luis no estaba. Le pregunté sencillamente qué le había parecido lo que pasó. Balbuceó cosas sin contenido ni compromiso y cortó.

Al día siguiente insistí, ya que me parecía justo que se descargara el propio Luis. Me saludó con un ‘¿qué hacés, sorete?’ y empezó a descomponerse y a vomitar, pobre Luis, no paraba de vomitar. ¡Vomitó tanto que pensé que se iba a morir! Estaba realmente muy mal, muy descompuesto. Le quise recordar el día en el que en el cine Metro, cuando Lanata presentó su película Deuda, él me quiso dar la mano y fui yo quien se negó. Me negué, Cristina, porque yo no le doy la mano a gente que no está bien parada, no es mi estilo. Para mí, no estar bien parado es no ser consecuente, no ser fiel.

Acepto contradicciones, acepto enojos, peleas, puteadas, pero no tolero a las personas que se cruzan de vereda por algunos pesos. No comparto las ganas de matar. El odio profundo y arraigado tampoco. Las ganas de desunir, de embarullar y de confundir a la gente tampoco. Cuando me cortó diciéndome: ‘Chau, querido…’, enseguida empezaron los llamados, primero de mis amigos que me advertían que me iban a mandar a matar, que yo estaba loco, que cómo me iba a meter con ese tipo que está tan cerca de los Kirchner, que D’Elía tiene muuuucho poder, que es tremendamente peligroso. Entonces, por las dudas hablé con mi abogado. ¡Mi abogado me contestó que no había nada qué hacer porque el jefe de D’Elía es el ministro del Interior! Entonces sentí un poco de miedo. ¿Es así Cristina? Tranquilíceme y dígame que no, que Luis no trabaja para usted o para algún ministro. Pero, aun siendo así, mi miedo no es que D’Elía me mate, Cristina; mi miedo se basa en que lo anterior sea verdad. ¿Puede ser verdad que este hombre esté empleado para reprimir y contramarchar? ¿Para patotear? ¿Puede ser verdad? Ése es mi verdadero miedo. De todos modos lo dudo.

Yo soy actor, no político ni periodista, y a veces, aunque no parezca, soy bastante ingenuo y estoy bastante desinformado. Toda la gente que me rodea, incluidos mis oyentes, que no son pocos, me dicen que sí, que es así. Eso me aterra. Vivir en un país de locos, de incoherentes, de patoteros. Me aterra estar en manos de retorcidos maquiavélicos que callan a los que opinamos diferente. Me aterra el subdesarrollo intelectual, el manejo sucio, la falta de democracia, eso me aterra Cristina. De todos modos, le repito, lo dudo.

Pero por las dudas le pido que tenga usted mucho cuidado con este señor que odia a los que tienen plata, a los que tienen auto, a los blancos, a los que viven en zona norte. Cuídese usted también, le pido por favor, usted tiene plata, es blanca, tiene auto y vive en Olivos. A ver si este señor cambia de idea como es su costumbre y se le viene encima. Yo que usted me alejaría de él, no lo tendría sentado atrás en sus actos, ni me reuniría tan seguido con él.

De todas maneras, usted sabe lo que hace, no tengo dudas. No pierdo las esperanzas, quiero creer que vivo en un país serio donde se respeta al ciudadano y no se lo corre con otros ciudadanos a sueldo; quiero creer que el dinero se está usando bien, que lo del campo se va a solucionar, que podré volver a ir a Córdoba, a Entre Ríos, a cualquier provincia en auto, en avión, a mi país, el Uruguay… por tierra algún día también.

Quiero creer que pronto la Argentina, además de los cuatro climas, Fangio, Maradona y Monzón, va a ser una tierra fértil, el granero del mundo que alguna vez supo ser, que funcionará todo como corresponde, que se podrá sacar un DNI y un pasaporte en menos de un mes, que tendremos una policía seria y responsable, que habrá educación, salud, piripipí piripipí piripipí, y todo lo que usted ya sabe que necesita un país serio. No me cabe duda de que usted lo logrará. También quiero creer que la gente, incluso mis oyentes, hablan pavadas y que Luis D’Elía es un señor apasionado, sanguíneo, al que a veces, como dijo en C5N, se le suelta la cadena. Esa nota la vio, ¿no? Quiero creer, Cristina, que Luis es solamente un loco lindo que a veces se va de boca como todos. Quiero creer que es tan justiciero que en su afán por imponer justicia social se desborda y se desboca. Quiero creer que nunca va a matar a alguien y que es un buen hombre. Quiero creer que ni usted ni nadie le pagan un centavo. Quiero creer que usted le perdona todo porque le tiene estima. Quiero creer que somos latinos y por eso un tanto irreverentes, a veces también agresivos y autoritarios. Quiero creer que D’Elía no me odia y que, la próxima vez que me lo cruce en un cine o donde sea, me haya demostrado que es un hombre coherente, trabajador decente con sueldo en blanco y buenas intenciones.

Cuando todo eso suceda, le daré la mano a D’Elía y gritaré: ‘Viva Cristina’… Cuántas ganas tengo de que todo eso suceda. ¿Estaré pecando de inocente e ingenuo otra vez? Espero que no.

La saluda cordialmente,

Fernando Peña

Hasta la vista babiessssss

Hay en todos los grupos sociales. Existen a nuestro alrededor y a veces hasta pasan desapercibidos. Son importantes por muchos motivos. Y generalmente descargamos mucha violencia en ellos. Los consideramos amigos, decimos que los queremos mucho, que son muy buena gente pero… son el blanco de mucha violencia de nuestra parte.

Son los que nunca se quejan. Esos que están ahí, que son por algún motivo más indefensos, y que se comportan de tal forma que aguantan tomaduras de pelo, chiste malos y demás cosas porque tal vez si no estuvieran solos. O eso creen ellos.

En realidad, los queremos, los tenemos en cuenta, pero es el que siempre aguanta de todo en su contra. Esa especie de bufón nabo que hay en todos los grupos de amigos.

Porqué?

Es un comportamiento de instinto animal, como sucede en jaurías, camadas, o en manadas y tropas? Siempre uno es el que come último.

Muchas veces, terminan no soportando esa agresión permanente, porque es agresión al fin y al cabo, y se separan del grupo. Pasa el tiempo, integran ya con cierta experiencia otros grupos de amigos, no juegan de nabos y terminan siendo triunfadores en lo que hacen. Raro no? Como aquello de que nadie es profeta en su tierra.

Solamente se vieron desbordados, no supieron imponer o plantear por las buenas, que querían ser respetados, y se van. Perdemos a un buen amigo. El no supo plantear que lo respetaran y nosotros, simplemente sin darnos cuenta de esa malicia intrínseca en la bestialidad humana, no los respetamos. Y se fue. A hacerse respetar por otros, y a formar su nueva manada, sin pretensiones de líder, pero tampoco a ser nuevamente el payaso.

No se da esta situación sólo en la barra de amigos. Se da de muchas maneras.

En el laburo, por ejemplo, siempre hay uno que juega de tarado. Lo pusimos y se dejó poner de tarado. Y es el blanco de todas las “sanas” bromas y demás ataques (violentos psicológicamente) de los demás integrantes del grupo.

Sabemos poco de su vida, pero si rascamos un poco la cáscara, vemos que es de muchos problemas.

Puede darse el caso también del que cobra tarde, fuera de fecha, y… se endeuda en la tarjeta, pero… como le dice al jefe que las cosas son diferentes, que hay deberes y que son mutuos, que el cumple, y que no cumplen con él. Algo que debería darse naturalmente. Tal vez el jefe debería estar apurado por premiar al tipo que se bancó la lucha al pie del cañón todo el mes y que mas allá de ganancias o pérdidas, su lucha fue real, leal y dedicada. Pero no es así. La tendencia parece ser que es pensar que el que tiene esa actitud leal está desesperado por no perder el trabajo, así que no se va a quejar si cobra tarde. Igual que el amigo tonto que se banca las jodas, no se va a ir porque se queda solo.

Somos… despiadados. Tremendamente despiadados, y esto ya es una costumbre y lo vemos como algo natural. Es un boludo o una boluda y ese es el rol que juega entre sus amigos o en el trabajo.

Amistades mal entendidas. Por ahí escuché también que el verdadero amigo te gasta por delante y te venera por detrás. (No me refiero a los amigos que son gays …ja ja)

Pero siempre existen esos que no se enojan, y que hostigamos fuertemente. Esos que nos quieren de verdad y que son los primeros blancos que apuntamos cuando nos entra enojo con lo que sea. Porque sabemos que nos quieren, y aprovechamos que es así. Pero estamos generando dolor, estamos dando violencia, y la violencia es algo que si se guarda enferma . O sea, el que recibe violencia tiene dos opciones, repartirla o enfermar. Difícil, muy difícil. Y hablo otra vez de esa violencia no considerada violencia. La peor de todas, la mas astuta, la violencia emocional.

Por ahí deberíamos poner más atención a este aspecto que por ahí nos parece poco importante, pero que a mi juicio sería una mejora enorme en el mundo de mierda que estamos formando.

Siempre habrán débiles. Entonces los más fuertes tienen la obligación moral de apoyarlos. A cambio tan solo de nada. Si no, no tiene valor.

Por ahí es una cagada perder un buen amigo o amiga, hacer que una buena persona se aleje por un motivo tan ridículo como este.

Ser mas, o menos que alguien, es un rol que se da en todo el reino animal.

El más fuerte, el más inteligente, el más astuto… ellos son líderes natos. También hay otros integrantes que hay que tener en cuenta y proteger. Ser un líder no es un premio a nada. Es por sobre todas las cosas una responsabilidad que los que ostentan esa posición deben asumir. Esto no se trata de competir a ver quien es el mejor o el peor. Se trata de vivir. Y si sabemos ver la vida de esa manera, sin competencias, sin considerarnos más o menos que alguien, la verdad… como decía Louie Armstrong (y Joey Ramone también!)…

Que mundo maravilloso.

Hasta la vista babiessssssssssss


No es sobre política, pero en cierta forma habla de ella, los protagonistas, lo poco que piensan, lo demagogos que son y demás.

Trata también de lo poco que razona el pueblo uruguayo. Cuán descalificado es su voto, y como da el poder al que le cae más simpático.

A veces hago comparaciones con las relaciones entre putas y fiolos. No sé, pero supongo debe ser mi mente enferma.

Pero el Fonasa, o fondo nacional de salud, es algo que no entiendo. Como no entiendo o creo que nadie, excepto Asterix entiende el Irpf. A los jubilados o a los asalariados.

Por si alguno se piensa, o lee por primera vez el blog, no tengo líderes políticos, ni partidismos.

Pero una jubilación no es renta, lo que ahorraste no es renta, y si tenes tres laburos porque con uno no da, no te pueden descontar irpf de los tres!… Eso es cagar al que mas labura y no al que mas gana! Acá y en Cuba, China, o Venezuela también.

Claro, si tenes tres laburos, estas quitando dos puestos de trabajo… si, es cierto, pero con uno te da? No, entonces, pensar en esa gente con mas de un laburo no estaría mal, Sr Minister and collaborators.

No se pueden hacer las cosas así. Hay que pensar más cuando se realiza una acción que puede traer consecuencias funestas para cientos de miles de uruguayos. Creo.

Y con el Fonasa es igual.

Una vecina de bajos recursos, o mas o menos bajos, dado que cobra el plan de emrgencia, vende en negro en la feria cds truchos y tiene un comité, (no es joda) además de integrar activamente el CCZ del barrio donde no hacen nada, bueno….ella estaba muy feliz porque ya no iba más a los hospitales. ahora, elegiría la mejor mutualista.

Y lo hizo. Defendió a capa y espada que ahora había igualdad, que todos teníamos los mismos derechos, que la salud era uno de los derechos humanos y siiiiiiii, claro que si, pero…

Se alisto en la mutualista, y decidió hacerse chequeos, exámenes y todo lo que hubiera que hacer. Pa estar tranquila, dado que no estaba enferma, y que la medicina preventiva es una buena cosa, si las hay.

Pero se encontró con que los tickets…bueno, los tickets, medicamentos y demás…bueno, había que pagarlos, y eso cuesta guita… y mucha.

Por lo tanto, se volvió al hospital, tal como me contó, porque se sintió “discriminada”. Je.

Hay otra verídica más.

Otra señora de la cuadra, con esfuerzo paga su mutualista. Tiene una pensión del esposo fallecido y además un pequeño comercio en absoluta legalidad.

Tuvo que internarse en la mutualista y, oh! de pronto a la cama de al lado, traen a alguien (lo que sigue le puede sonar sorete de mi parte a muchos pero me importa un carajo!) decía que a la cama de al lado, llega una mujer, con mucho olor a de todo lo que imaginen, y seguramente, varias semanas o meses sin ducha. Con ella acompañantes, familiares, que en su falta de oportunidades para adquirir buenos modales hicieron un camping, hablaban fuerte, destrataban a las enfermeras, y además …je, le afanaron algunas cosas como jabón, champú, toallas yrevistas del placard también compartido…

La vecina tenía miedo, pidió traslado, pero ya no hay habitaciones disponibles de una sola cama.

Me acuerdo de la época en que en estos feos casos en los que tenías un familiar enfermo, ibas a visitarlo y entablabas una especie de “buena convivencia” con el/la paciente de la cama de al lado. Ya no se va a poder, o…será cuestión de suerte.

Yo se que es feo discriminar, pero, quien se banca esto? Sean honestos con Uds mismos y no se engañen. Pónganse en el lugar de esta señora que ni siquiera, aún cuando debía hacerlo para reponerse, podía dormir.

Las diferencias existen. Le guste a quien le guste.

En primer lugar, debían haber obligado higiene a la paciente, aunque esta se negara. Y por supuesto impedir el campamento en la habitación, con aires de “estamos-ocupando-tenemos-derechos-viva-el-pueblo-que-lucha-de-aca-no-nos-mueve-nadie”.

Como decía, puede sonar a que soy un sorete, y tal vez lo sea. Pero, al menos un sorete que dice lo que piensa.

Sres. Gobernantes. Las diferencias existen! Y la solución es que haya oportunidades para que en el futuro sean menores.

No hablamos de diferencias menores como tiene mas o menos plata, mas o menos cultura….

Hablamos de gente normal, esa de la clase media que dice Asterix que no existe, Mujica se jacta de pertenecer aunque ahora según lo que gana es clase alta, y si se lo regala al partido o se lo gasta en putas, …. a mi que me importa. El sueldo lo cobras.

No se puede mezclar así, con la bandera de la igualdad en alto.

No. Razonen por favor.

En vez de mezclar…no hubiera sido más sensato mejorar el sistema público de salud?

No los entiendo. Si hay plata para donar al partido, tiene que haber para tener buenos hospitales donde se dé amparo a gente de bajos recursos.

El Irpf, la liberacion de presos para descongestionar carceles, el kilombo con Argentina, el Fonasa. No pueden errarle tanto.

Entre las siete plagas de Batlle y esta especie de gobierno con el cual soñamos tantas veces….

Pobre Uruguay, me da pena.

Hasta la vista babiesssssssssssssss

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