Cuba

Hace algunos años, dediqué mis vacaciones a conocer un lugar que me fascinaba en muchos aspectos. La isla de Cuba.

Me fascinaba ese mundo intocable por el consumo, esa sensación de “es diferente”, todo lo que significa su patrimonio histórico, mas allá que Varadero me esperaba para playa, playa y más playa.

Conocí, Santiago de Cuba, La Habana y Varadero, y terminé en Cayo Coco.

Naturalmente no me perdí el espectáculo de Tropicalísimo (100 dóalres per cápita :-) ) y tomé mucha Tropicola, que se expende en máquinas de Coca Cola y es Coca Cola hecha en México.

No voy a hacer un blog de turismo.

Pero recuerdo muy claramente algo que me llamó poderosamente la atención en el hotel de La Habana.

Era un hotel bastante “nuevo”, había sido construido hacia unos pocos años para los juegos panamericanos que allí se realizaron en 1991 y que increíblemente aún eran noticia (muchos años después) en Cubavisión. Se llama Neptuno. Cuando arribamos, había una gran discusión, uruguayos del viaje de arquitectura, reclamaban “faltantes” en sus pertenencias.

En ese hotel, además de perder champú, desenredantes, Marlboros y perfumes… además de tener que atar algunos la maleta con cadenas a la cama, un día desayunando, contra una ventana que daba a un jardín muy lindo, me dí cuenta que la ventana estaba “mal pintada”.

Pero muy mal pintada. El color del marco, se extendía a los vidrios, como si hubiera sido ehcho rápido, mal, y sin ganas.

Le pregunté al mozo (que servía un desayuno muy austero), medio en broma si al pintor le temblaba la mano por el frío. Es raro que en Cuba el frío sea problemático…

Sonrió, y me dijo que no. Era español. Me explicó que más de la mitad de los obreros debían por ley ser cubanos y que al no tener incentivos locales, y además la prohibición de recibirlos de parte de la inversión española, no les importaba si el trabajo quedaba bien, mas o menos, o directamente mal.

Me asombró al principio, después me resultó lógico. En ese momento un cubano ganaba 7.20 dólares al mes no importaba que hiciera ni como lo hiciera. Le pregunté por los médicos, y me respondió que médicos, deportistas y algunos militantes vivían diferente. Mis ilusiones de “igualdad” recibieron el primer balde de agua fría.

Claro, cómo iba a competir Cuba en el mercado laboral, por ejemplo, si no estaban preparados?

Recuerdo ese sentimiento de ternura, parecido al que se tiene con un niño que enfrenta la adolescencia y su vida adulta.

No había incentivos, todo era igual, y salvo por muchos “vocacionales” y gustosos de hacer lo “excelente” el resto (y en mas de 11 millones son muchos) le daba igual.

Pensé que ese era uno de los grandes problemas de Fidel Castro.

Hechos similares se sucedieron, cuando al llegar a distintos hoteles muy cansados, no había nadie que te ayudara con las valijas ni te guiara para saber cual era tu habitación. Es más. Por error, ya que nadie me dió una pista y el maletero dormía y según la recepcionista no había que despertarlo, terminé durmiendo “en el sector” de los cubanos. Mismo número de habitación..distinto sector del complejo hotelero. 8P

Vi muchas cosas más. No fue el viaje que había soñado. Aún creo que me afectó sensiblemente mi parte emocional y mis ideales, ver a esa gente así. A ese pueblo dominado por el terror a expresarse. No. El comunismo no era ni cerca lo que me imaginaba.

Hoy leí con alegría, seguramente ideado por Fidel:
“Raúl Castro eliminó el ‘igualitarismo’ y el techo salarial, en busca de erradicar el paternalismo y aumentar la productividad, talón de Aquiles de la economía.”

Cuba, salteando lo de arriba, es hermosa. Su gente es esencialmente buena (hay de todo, pero como en cualquier lugar) y creo que se merece este cambio.

Lo demás.. ese pasado, fue un sueño de muchos. Si. Todos queremos que existan oportunidades, que los hermanos sean iguales, que…

Pero aún, amando a nuestros menores, hijos, sobrinos, ahijados y demás, y dándoles las mismas oportunidades, reitero todas! con el mayor amor, van a existir diferencias. Talentos distintos, intereses distintos, y capacidades distintas. Estas últimas no nos hacen amar más a unos que a otros.

Buena noticia entonces. Seguramente muchos sentirán inseguridad ante este nuevo desafío, pero es en la inseguridad, donde la adrenalina fluye, nos provoca y manifiesta lo mejor de nosotros.

El pueblo cubano, honesto e inteligente (como lo ha demostrado) se merece esta oportunidad.

Hasta la vista BBS

    
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