
Cuando salgo de trabajar después de unas cuantas horas, vengo en el ómnibus, y siento esa tan habitual sensación de apetito. No sé si es el estómago exactamente, pero saben de que hablo, no?
El viaje, algunos días se hace un poco más largo deseando llegar a casa, comer algo, tomar algo… y parece que toda mi atención se concentrara en ese momento en el problema más inmediato a solucionar.
Comer.
Claro que cuando llego a casa, me voy a la heladera, y 20 minutos después (por suerte) la sensación se va. Estoy satisfecho.
Ya no siento esa desagradable sensación de ganas de comer.
Prendo la Tv. Y a los pocos segundos, ya me olvidé de la sensación. Es más. Me cuesta acordarme de como era.
Por ese motivo los años electorales son “tan especiales”.
Nuestra memoria es muy limitada para algunas sensaciones.
Ya no recordamos otros períodos y si en ese año, nuestro dios consumista puede ser un poco adorado, seguramente olvidemos demasiadas cosas.
Con poco nos arreglan.
Parte del juego.
La masa, nunca razona, no piensa ni recuerda.
Pero vota. Y todos se aprovechan de eso.
Hasta la vista BBS
**Patty. Feliz día de encuentro. Aún te recuerdo y te extraño. Tengo memoria.

