
Don José laburó toda su vida. Estaba contento porque siempre decía que el mundo había sido generoso con él.
No le había faltado nada.
Era albañil. De esos que hacen las cosas en tiempo y forma, y además con gusto, sabiduría y ganas de hacerlas.
Cada obra era su imagen.
Y no cobraba caro.
Sabía que, mas o menos, el que lo contrataba era como él.
Don José, no miraba televisión. Por eso nunca estuvo desesperado por tener todo eso, que hay que tener no se sabe bien para qué.
Después del trabajo, que dejaba a las 5, le daba tiempo para llegar y aprovechar para hacer algo en su huerta.
Claro, tenía una huerta, que junto a gallinas que ponían huevos, le garantizaba alimento todo el año.
También hacía su propio vino, y era costumbre que su mujer además de las tareas domésticas, que orgullosa realizaba todos los días, preparara dulces, quesos, conservas y otros alimentos no perecederos que hacían que el año fuera más fácil.
Compraba la leche, el pan y los cigarros, además de algo “pa los perros”, sus grandes amigos.
Y le sobraba el tiempo para visitar familia, conversar con vecinos y tomarse una, pucho mediante, con algún amigo, en algún boliche.
Claro que ni el fútbol, ni bailando por un sueño, ni Eunice la Farro o la Tota, le hacían perder un minuto.
Tampoco vivía la vida de los demás. No sabía si alguien famoso sufría o estaba feliz.
Don José vivía su vida.
En paz consigo mismo.
Agradecido por lo que tenía.
Guiñando al aguacero del mediodía, que le dejaba un día de siesta de regalo.
Tenía un oficio, un poco de terreno para sembrar y valores morales de respeto a los demás.
Tenía techo, comida y un poco de dinero para darse algunos “gustos” a veces.
Y como eran a veces, los disfrutaba más.
Tampoco tenía Internet, por supuesto! Así que no leía boludeces en los blogs.
Queda algún Don José?
Avísenle lo de Wall Street!
Hasta la vista BBS!

