Hay muertes que por lamentables, no son en vano.
Siempre son evitables hasta que ya no deben serlo. Nunca se evitan. Siempre se provocan.
Pensé mucho en aquello de morir peleando. Eso hace a los que eligen ese camino ser diferentes de sus congéneres.
Esos que se animaron a no entregarse. Esos que al final terminan enseñando.
Esos que dejan delicadamente un mensaje que trasciende su vida.
Seguramente alguno se pregunte porqué no quería un largo viaje, un marronazo en la cabeza que espera el golpe y un comentario parecido a “que buena carne!”
Porqué no aceptó su destino? Simplemente porque sabía que dando ese paso, su muerte no sería una más.
Gracias.
El siguiente video tiene imágenes fuertes, así como los únicos comentarios dignos que escuché sobre el tema. Fernando Vilar, debe ser un gran tipo.
Mis respetos.
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Hay algunas cosas que por cómicas que sean, nos ayudan a reflexionar en muchos aspectos.
Ya hemos tratado el tema de como nos “inducen” a “mejorar nuestra calidad de vida”.
A veces, no es tan así. Aunque resulte increíble.
Me mandaron esto por email, y me pareció divertido compartirlo con Uds. No se quien lo hizo, así que los créditos… no van!
Es nada menos que la tabla comparativa entre el nuevo Iphone 3G (todos se mueren por uno! al punto que están agotados) y nuestro querido Nokia 1100 con linterna.
Uds Juzgan!
(Me pregunto… Papá siempre tiene razón?)
Hasta la vista BBS!


Don José laburó toda su vida. Estaba contento porque siempre decía que el mundo había sido generoso con él.
No le había faltado nada.
Era albañil. De esos que hacen las cosas en tiempo y forma, y además con gusto, sabiduría y ganas de hacerlas.
Cada obra era su imagen.
Y no cobraba caro.
Sabía que, mas o menos, el que lo contrataba era como él.
Don José, no miraba televisión. Por eso nunca estuvo desesperado por tener todo eso, que hay que tener no se sabe bien para qué.
Después del trabajo, que dejaba a las 5, le daba tiempo para llegar y aprovechar para hacer algo en su huerta.
Claro, tenía una huerta, que junto a gallinas que ponían huevos, le garantizaba alimento todo el año.
También hacía su propio vino, y era costumbre que su mujer además de las tareas domésticas, que orgullosa realizaba todos los días, preparara dulces, quesos, conservas y otros alimentos no perecederos que hacían que el año fuera más fácil.
Compraba la leche, el pan y los cigarros, además de algo “pa los perros”, sus grandes amigos.
Y le sobraba el tiempo para visitar familia, conversar con vecinos y tomarse una, pucho mediante, con algún amigo, en algún boliche.
Claro que ni el fútbol, ni bailando por un sueño, ni Eunice la Farro o la Tota, le hacían perder un minuto.
Tampoco vivía la vida de los demás. No sabía si alguien famoso sufría o estaba feliz.
Don José vivía su vida.
En paz consigo mismo.
Agradecido por lo que tenía.
Guiñando al aguacero del mediodía, que le dejaba un día de siesta de regalo.
Tenía un oficio, un poco de terreno para sembrar y valores morales de respeto a los demás.
Tenía techo, comida y un poco de dinero para darse algunos “gustos” a veces.
Y como eran a veces, los disfrutaba más.
Tampoco tenía Internet, por supuesto! Así que no leía boludeces en los blogs.
Queda algún Don José?
Avísenle lo de Wall Street!
Hasta la vista BBS!

